La promesa a un desconocido.

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La promesa a un desconocido.

Mensaje por Scarlet el Dom Ene 27, 2013 4:52 pm

Hello! :3

Publico está historia. No es de ningún anime. Salio de la nada en una noche mientras me duchaba (?. Espero que les guste.


La Promesa a un desconocido



— ¡Bha! El amor es tonto. —Aclame indignada y en voz alta como si estuviera hablando con alguien. Lo cierto era que estaba completamente sola. Sola en un parque, justamente en una banca de aquel lugar sintiendo como las gotas de agua me empapaban poco a poco cubriéndome con su frescura.

— Para ti puede que sea tonto, pero para algunas personas es lo más maravilloso del mundo —Voltee curiosa para saber quién me había contestado, pero estaba encapuchado para que la lluvia no mojara su cabeza, era un hombre, su voz sonaba ronca. En algún otro día me hubiera ido a otra banca o de aquel lugar, pero ciertamente no tenía ganas de nada.

Así que me quede ahí. Con ese desconocido al lado mío.

— Si, puede que digas eso, pero en algún momento de su vida sufrirán por amor, eso que llamas “lo más maravilloso del mundo” los hará sufrir a no poder más. —Conteste, sabiendo que era verdad y ya no podía contradecirme.

Pude escuchar una risa por parte suya. Me sentí ofendida así que lo mire molesta, y era tonto ya que él no me miraba, seguía encapuchado.

— ¿De qué te ríes? —Demande con enfado.

— Nada. Simplemente… ¡Piénsalo! Si no se sufre ¿Cómo sabes que en verdad amas? —Me dijo.

— ¡Por eso creo que es tonto! —Dije.

— Explícame —Pidió curioso.

— ¿Por qué el amor te hace sufrir? ¿Que no debería de hacerte sencillamente feliz? —Conteste. ¿Qué me diría ahora? ¿Por qué seguía hablando con un desconocido? ¿Por qué se tomaba la molesta de contestarme y seguir aquí? ¿No le importaba que ambos nos estuviéramos mojando?

Se quedó callado.

Él suspiro.

— ¿Por qué el cielo es azul? —Lo mire incrédula. ¿Qué tenía que ver eso con lo que le había preguntado? ¿Acaso se burlaba?

— ¿Qué? —Le dije confusa. Quería una explicación no que él me hicieras más preguntas.

Soltó otra risa. Esto me estaba comenzando a fastidiar.

— Te estoy tratando de decir que quieres que te conteste una pregunta que tal vez no te deje satisfecha. Una pregunta que todos se hacen, y, aunque todos sabemos la respuesta… la ignoramos y seguimos con nuestra vida. —Me contesto suavizando la voz.

— Me confundes —Le hice saber.

— Todos nos arriesgamos, sabemos que vamos a sufrir, pero aun así lo intentamos. Sabes que te hace feliz, inmensamente feliz que te preguntas: ¿Acaso es un sueño? Pero es real, tan real que tienes que sufrir, porque en esta vida no todo es felicidad, si no sufres, si no duele, si no lloras ¿Cómo sabes que en verdad te importa? ¿Cómo sabes que en verdad esa persona merece tus lágrimas? ¡Vamos! Tenemos que sufrir para darnos cuenta quien importa y quién no.

Me quede callada. ¿Quién era este extraño que me contestaba todas estas preguntas con paciencia y calma?

Pero no tenía que saber quién era para admitir que tenía razón.

— ¿Tú… estas triste? —Me sorprendió con su pregunta.

— ¿Por qué me preguntas eso? —Quise saber.

— Bueno… —Se llevó su mano a la barbilla, poniendo una pose pensativa— Tengo que decir que nadie se expone a la lluvia así como así, además por todas esas preguntas que me haces.

— Siento que soy alguien que se perdió en el camino, siento que se llevaron una parte de mí, y que la estoy tratando de buscar. Pero tropiezo, me lastimo y desangro. —Confesé.

Estuvimos en silenció.

— Yo también soy alguien que está perdido.

¿Cómo?

¿Él?

¡Pero si defendía el tema del amor como si él fuese feliz!

— Pero…

— Si lo sé —Me interrumpió y luego se rió— Sé que no parezco alguien que este perdido, alguien triste. Sí, estoy perdido, pero no solo. Estoy triste, pero sonrió. Tropiezo, pero me vuelvo a levantar. Me lastiman… levanto la cara y les mando la mejor sonrisa, diciéndoles: “¡Hey! No pueden conmigo, sigo vivo, sigo intentándolo.” Desangro, el tiempo me cura.

Me sentí… ¡Tan cobarde!

Porque él tenía razón, porque yo estaba equivocada. Porque sufría y no hacía nada, como si los recuerdos fueran a curarme, como si los recuerdos no me lastimaran. ¡Pero valla estupidez!

Baje la vista y empecé a llorar. Sintiéndome débil al lado de una persona fuerte.

— Llora, grita si es necesario. Pero cuando termines… límpiate esas lágrimas y sonríe. Demuestra lo fuerte que eres sin tener que ser fría y sin sentimientos. —Su voz sonaba calidad y eso me reconfortaba.

Llore, llore y llore hasta que las lágrimas se secaron, se acabaron.

Y luego sonreí.

Sonreí como si fuera la más feliz del mundo, como si nunca me hubieran lastimado, como si ya hubiera sanado por completo. Porque yo era fuerte, solo que mi fortaleza se había dormido y me creí débil.

— ¿Mucho mejor? —Preguntó.

— Mejor —Dije y le sonreí en vano ya que seguía sin verme.- ¿Cómo haces para ser fuerte sin derrumbarte? —Le pregunte con curiosidad, como si de una pequeña me tratase.

— Simple. Simplemente tienes que darte cuenta que personas valen la pena, cuáles no y cuándo es tiempo de olvidar por completo. —Contesto con calma y luego suspiró.

— ¿Cómo te das cuenta de eso?

— Las personas que valen la pena siempre van a estar ahí, te aran sonreír, te harán reír, te abrazaran cuando más lo ocupes, te seguirán aunque tú les digas a lágrimas que se alejen de ti, no pedirán nada a cambio, no te aran daño. Te cuidaran, te amaran, te van a decir “Yo estoy contigo y te quiero” Cuando tú sientas que ya no puedes más. Y se quedaran en tu vida siempre, porque tú sabes que valen la pena, porque entraron a tu vida por algo y ese algo es hacerte feliz. —Y como una niña pequeña que me sentía, me emocione de la misma manera, porque él decía todo aquello de una forma hermosa.- Las personas que no lo valen, es lo contrario de todo lo que dije anteriormente, te querrán ver fracasar, te humillaran, te mentirán, ofreciendo amistad u amor falso. Confiaras, saldrás lastimado, sufrirás. Y ahí, es cuando tienes que olvidar, cuando salgas adelante después que te dañen. Olvida todo aquel dolor, olvida todas esas personas que te querían ver sufriendo. Olvida, pero no odies. Nunca odies que eso lo único que ara es lastimarte más.

— Eres sabio —Dije. Soltó una risita.

— Sabio no… solo una persona que se ha tropezado muchas veces.

— ¿Quién eres? —Pregunté.

— Un amigo, quizás. Si tú quieres —Contesto. Sonreí con ternura.

— Sería grato tener un amigo como tú. Hace unos momentos, creí estar sola, triste y con un dolor que no iba a desaparecer. El amor es tan raro que a veces piensas que es el fin —Termine de decir aquello y me di cuenta que la lluvia ceso un poco convirtiéndose en un pequeño diluvió.

— El amor no es raro. Nosotros somos los raros —Dijo.

— ¿Cómo? —De nuevo estaba confusa con sus palabras.

— ¡Vamos! El amor es amor, un sentimiento hermoso. Nosotros somos los raros, nosotros tenemos la culpa, juzgamos, lo complicamos, no lo valoramos. —Suspiramos ambos. Le di la razón con una sonrisa.

— Dame un ejemplo —Pedí. No lo veía, no sabía cómo era él, pero podía apostar que estaba sonriendo.

— Veamos. Cuando alguien acaba de terminar una relación, empieza otra, pensando que podrá olvidar a la primera.

— ¿Qué tiene de malo? —Pregunte observándolo, como él tenía la vista al frente como si estuviera maravillado con lo que ve que no quiere apartar la vista.

— Bueno, ahí comente un grave error. Porque estando con alguien más lo único que pensara es en la primera persona de quién está enamorada y sufriendo a la vez. Querrá encontrar en la segunda lo que tiene la primera haciéndose daño uno mismo. Se dará cuenta que no es lo mismo, que sus labios son diferentes, que sus abrazos no le darán aquel calor que uno necesita; el calor de la persona amada. Porque cuando uno empieza algo nuevo, debe de estar completamente curado. —Completo por decir y miro al cielo.

— En otras palabras; No empieces algo nuevo cuando aún piensas en lo viejo. No reemplaces algo que quieres por algo que no conoces.

— ¡Vas aprendiendo! —Me felicito con un tono alegre. Me ruborice por su atención.

Lo voltee a ver. Y para mi sorpresa también me estaba mirando. Sus ojos, eran grises, me transmitían calma, confianza y paz. Cu cabello era negro, algunos mechones mojados por la lluvia, tenía una sonrisa hermosa y su piel era pálida.

Se rió. ¿Por qué se reía?

— ¿Qué tanto te causa gracia? —Pregunte confusa.

— Tu, yo. Todo esto, la plática que tuvimos, somos desconocidos, estamos aquí, en la lluvia, mojándonos, pero sonriendo. Algo completamente ilógico ¿no? —Reí por primera vez.

— Tienes razón.

Y nos quedamos en silencio, no un silencio incomodo, si no relajante, a gusto. De esos que no importa si nadie dice nada, si nadie pone una conversación, ¿para qué? Si la compañía es lo único que importa.

— Quiero que me prometas algo —Me miro a los ojos yo asentí aun sabiendo que no sabía qué tipo de promesa le iba hacer.

— Te escucho.

— Quiero que me prometas que a partir de ahora, tú serás muy feliz. Quiero que nunca caigas en la melancolía, que seas la persona más fuerte, que si te quieren ver triste, sonrías y que le demuestres que no importa lo que hagan tu seguirás con la sonrisa. Que no importa lo que digan los demás, has lo que te guste. Y cuando nos volvamos a encontrar, tú estés curada, feliz y sin dolor.

Y una tristeza me golpeo de repente, y no era por lo anterior, era por él. ¿Esto era el adiós? ¿Ya no vería más a este desconocido? Lo sentía tan lejos y tan cercas. Porque se alegaba, a pesar que seguía al lado mío.

Ni siquiera lo conocía, pero lo extrañaría.

— ¿No nos volveremos a ver? —Pregunte esperanzada.

— ¡Claro! Nos volveremos a ver, el día que los dos encontremos nuestro camino. Y, ese día, ambos nos diremos que tanto tuvimos que sufrir para ser verdaderamente felices. —Baje la vista.

— Eso significa un largo “adiós” ¿No crees? —Lo mire, él me observaba con ternura y me sonrío cálidamente transfiriéndome que tal vez, no iba hacer mucho tiempo.

— Me gusta llamarlo mejor un: Hasta Luego. —Me sonrió, verlo sonreír me daban ganas de hacerlo también.- Toma —Me entrego una rosa.

Me quede confundida.

¿De dónde la había tomado?

O tal vez, ya la tenía y no me había dado cuenta. Pensé.

La tome sin hacer contacto con él. La rosa estaba hermosa, daba un aire de vida en ella.

— ¿Por qué la rosa? —Pregunte.

— Te doy está rosa como un “hasta luego” la conservaras, un día no muy cercas no muy lejos, esa rosa se marchitara. El día que la rosa se marchite, será el día donde nos volvamos a ver de nuevo. Cuando nos volvamos a encontrar no te daré una rosa, te daré mi nombre, y ese día que te de mi nombre, yo te prometo nunca dejarte sola. ¿Te parece?

Asentí mirando aquellos orbes grises.

De cierta forma, comprendí lo que me quiso decir.

— La rosa se marchitara consumiendo mi tristeza, cuando se marchite por completo, yo estaré bien, yo seré feliz. ¿Eso quieres decir no? —Me acerque a la rosa y la olí. Tenía un olor hermoso, te inundaba de vida, de su vida.

Entonces, como no contestaba lo voltee a ver.

Y se había ido.

Quería llorar. Pero no lo hice. Sonreí. Sonreí por él.

— Te prometo que seré feliz.

Selle esa promesa en el lugar donde nos conocimos. Yo sé que él cumpliría la suya. Pero primero, tendría que cumplir la mía.

~

¿Que les pareció?

¿Les gusto?

Lo siento, me esta entrando la maña de dejar las historias con un suspenso. La verdad no tengo idea de si llevara otro capitulo. No lo se. Se supone que ese es el final (?. *-*

Saludos y gracias por leer. :3




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Re: La promesa a un desconocido.

Mensaje por Ice el Dom Ene 27, 2013 6:01 pm

Me gusto, me hizo derramar lagrimas.
Creo que debería de tener una continuación, pero ahora con el reencuentro :'D




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Re: La promesa a un desconocido.

Mensaje por Siegrain el Dom Ene 27, 2013 8:27 pm

Scarlet escribió:

— Eres sabio —Dije. Soltó una risita.

— Sabio no… solo una persona que se ha tropezado muchas veces.


No lo se... me gusto esa parte. Pienso que muchas personas a su corta edad se creen madura, pero que tonteria, pienso que una persona madura solo puede ser aquella que te da consejos a los 80 o 90 años porque ya lo ah vivido. Simplemente de los errores se aprende.

Me gusto, espero una continuación, como dicen Ice, un reencuentro. :D
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